Tener miedo a la IA es tener miedo al futuro
- Marta
- 13 nov 2025
- 2 min de lectura
La inteligencia artificial (IA) no pidió permiso para entrar; simplemente apareció. En cuestión de meses pasó de ser una curiosidad tecnológica a una herramienta cotidiana. Para quienes crecieron con Internet y las redes sociales, la llegada de la IA no ha supuesto una revolución, sino una evolución natural. Es lógico que vean la inteligencia artificial como una aliada que ahorra tiempo, potencia la creatividad y amplía las posibilidades de expresión.
Pero por otro lado, lo que para muchas personas forma parte de su día a día, para otras sigue generando inquietud. La reacción ante la inteligencia artificial no depende tanto de la edad como de la experiencia personal o el mundo laboral en el que se encuentre alguien. Para algunos, la IA representa una herramienta prometedora capaz de agilizar tareas y abrir nuevas posibilidades; para otros, despierta miedos o sensación de pérdida de control. La brecha, por tanto, no es únicamente tecnológica, también es emocional. Mientras algunas personas se acercan a esta nueva realidad con curiosidad, otras lo hacen con cautela e incluso con cierto vértigo.
Y quizá ambas posturas tengan parte de razón. Los tiempos avanzan con rapidez y el futuro cada vez está más cerca, lo que obliga a adaptarse continuamente. En el periodismo, una profesión artesanal, creativa y profundamente humana, la aparición de esta fue recibida con rechazo. Es por ello que cuando la inteligencia artificial comenzó a buscar su hueco entre la sociedad rápidamente nos posicionaron a tener la mentalidad de que su uso era inmoral y que no era para nada válido.
La preocupación sobre el uso de la IA en el periodismo no surge solo del debate interno de la profesión, sino también de investigaciones recientes. Un estudio internacional difundido por RTVE reveló que los asistentes de inteligencia artificial distorsionan con frecuencia los contenidos informativos, llegando a introducir errores significativos en casi la mitad de los casos analizados. Estos datos subrayan una realidad clave que afirma que la IA puede ser útil, pero no puede reemplazar la verificación, el criterio ni la responsabilidad editorial que caracterizan al trabajo periodístico.
Es por ello que la IA se debe usar como una herramienta de ayuda, apoyo y para canalizar ideas pero siempre uno mismo tiene que llevar las riendas, bajo ningún concepto se tiene que cubrir la voz. Los periodistas como hemos podido observar en estos tiempos que corren son muy pocos los que no tengan en la redacción un programa de inteligencia artificial que facilite la producción de contenidos, aún así tienen que ser los mismos que deben decidir cómo, cuándo y porqué contarlo.
Al final lo que asusta no es que las máquinas piensen, sino que dejemos de hacerlo nosotros en algún momento. Ver la IA como una amenaza en los tiempos que corren lo vamos a ver repercutido en un futuro, no se pierde la esencia profesional por utilizar una herramienta de forma adecuada. La inteligencia artificial es una realidad y cada día sigue avanzando a pasos agigantados, ahora es el momento de aprender, de formarse y de abrir nuevos horizontes. No hay que ir en contra de la corriente y es muy importante adaptarla al entorno laboral de cada uno.



