La danza también tiene hambre
- Ismael Serrano
- 10 nov 2025
- 2 min de lectura
Actualizado: 24 nov 2025

El baile sigue sin tener el reconocimiento que merece como profesión. Se habla de arte, pero se olvida que detrás hay un trabajo real. La mayoría de bailarines viven cobrando una miseria, sin contratos y sin estabilidad.
Hace un tiempo, la UEFA buscó 200 bailarines voluntarios para la final de la Champions. Sin sueldo, solo a cambio de una experiencia única. Lo mismo ocurrió con Fusa Nocta en el Benidorm Fest, que pidió bailarines sin pagar. Y mientras tanto, nosotros seguimos escuchando eso de que es una oportunidad para darte a conocer. No caigamos en ese error, bailar es un trabajo y debería pagarse como tal.
La precariedad en el mundo del baile es una realidad a la que muchos prefieren ignorar. No solo falta dinero, sino también falta respeto. Se espera que siempre sonrías, que aceptes cualquier cosa y que lo hagas por amor al arte. Pero es que ese amor no paga el alquiler.
A eso se suma la presión física. En este mundo no basta con bailar bien. También tienes que encajar en un cuerpo que otros deciden por ti. Lola Índigo contó que la habían rechazado en castings “por estar gorda”. No fue la única. En las academias y los escenarios se premia la delgadez y se castiga la diferencia. Greta García narra en su libro Solo quería bailar cómo bailar puede convertirse en una cárcel para el cuerpo, cuando este deja de ser libre para ser juzgado y encajado según cánones rígidos.
A veces solo queda seguir, incluso cuando el cuerpo no responde. No porque falte pasión, sino porque mantenerla cuesta cada día un poco más. Y lo sé porque he estado muchos años dentro de este mundo. El baile ha formado parte de mi vida y sigue estando ahí. He podido sentir de cerca el cansancio, las lesiones y la incertidumbre de no saber cuándo me llegará el próximo trabajo.
Lo más duro es que ese esfuerzo casi nunca se reconoce como merece. Después de tantas horas de ensayo y de montaje, rara vez hay un contrato o una paga justa. Se aplaude el resultado, pero se ignora todo el trabajo que hay detrás.
Como bailarín. No quiero aplausos vacíos. Quiero respeto, reconocimiento y poder vivir dignamente de lo que soy.



