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La "dimisión fake" de Carlos Mazón

  • Paula Cabezalí
  • 10 nov 2025
  • 4 min de lectura

Actualizado: 13 dic 2025

Su renuncia llega tarde, sin admitir errores y dejando a los valencianos sin derecho a voto en las urnas


Comparecencia de Carlos Mazón para anunciar su renuncia. Foto Paterna Ahora
Comparecencia de Carlos Mazón para anunciar su renuncia. Foto Paterna Ahora

El 3 de noviembre de 2025, aparece como portada de todos los periódicos el rostro de Carlos Mazón, presidente de la Generalitat Valenciana, anunciando su “dimisión”. Pero en realidad, nunca dijo la palabra dimito. Fue una maniobra política para esquivar responsabilidades y seguir protegido, mientras las víctimas siguen esperando justicia.


Tras el paso de la DANA y todas sus consecuencias, ni los españoles y mucho menos los valencianos olvidan aquella tragedia: los 229 fallecidos, los numerosos destrozos, negocios cerrados y en general, un caos, que a día de hoy podemos decir que quedará en todos nuestros recuerdos. 


Con la anunciada renuncia de Mazón, parecía por fin, el cierre de una etapa  marcada por la polémica y la tragedia que causó su negligencia. Sin embargo, tras esa aparente renuncia se escondía una verdad no tan limpia, una estrategia política por  intereses personales para “vender la moto” acerca de su inocencia. El 29 de octubre de 2024, la Comunidad Valenciana vivió una de las tragedias más graves de toda la historia. La Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) llevaba varios días avisando esa misma semana que se adentraba una DANA que amenazaba con fuertes lluvias torrenciales. Desde el 23 de octubre la AEMET repetía el  mismo mensaje: “no viajar a no ser que sea estrictamente necesario”. A pesar de estos avisos, el presidente de la Generalitat  decidió no actuar, haciendo caso omiso ante los mensajes de alerta que proporcionaba la AEMET. Mazón no dio orden de mandar algún mensaje a los valencianos que avisara para poder frenar con efectividad la catástrofe  que finalmente ocurrió, con mayor importancia en los municipios colindantes a la Rambla del Poyo. Una competencia que claramente le corresponde a él, según la jueza Nuria Ruiz de Catarroja, encargada en la instrucción del caso.



Ese fatídico día, el Presidente se dispuso a recibir un diploma para después, según fuentes oficiales, estar desde las 15:00 de la tarde hasta las 19:00 en el restaurante El Ventorro junto a la periodista Maribel Vilaplana en una “entrevista”. Mientras los pueblos se inundaban, el agua empezaba a cobrarse vidas y los servicios de emergencia estaban colapsados por las llamadas de auxilio de las víctimas. Mazón actuó como si nada estuviese pasando y siguió ignorando los avisos. A las 20:11 de la tarde, los móviles de los valencianos sonaron recibiendo la primera alerta, pero ya era demasiado tarde. Muchos ya estaban atrapados, desaparecidos o ahogados. El miedo en ese momento se apoderó de cualquier ser racional porque lo que estaba ocurriendo no era normal.


Mazón ha negado todo lo relacionado con su quedada en el Ventorro y continuamente evitando reunirse con las víctimas durante todos estos meses. Meses cargados de silencios y falta de autocrítica. Tiempo en el que su gobierno ha estado más preocupado en “lavar su imagen” que en colaborar y apoyar a los  que han perdido todo. Y justo después de un año, cuando finalmente anuncia “su dimisión”, lo hace sin pronunciar tan siquiera la misma palabra, dando rodeos en su discurso con afirmaciones como: “ya no podía más”, “el futuro presidente lo haría mejor”, pero en ningún momento habló de una renuncia formal. Tan pronto como terminó aquel discurso en el que se oyeron en su mayoría abucheos y vejaciones. Se supo que seguiría aún como presidente en funciones y que disfrutaría de una baja médica en estos momentos, que casualmente, le permitiría esquivar las comisiones de investigación sobre la DANA.



Lo más preocupante de todo es que esta falsa dimisión impide que los ciudadanos valencianos puedan votar a un nuevo presidente. Mazón dejó la decisión en manos de Vox y del Partido Popular, que suman los votos suficientes en Les Corts para nombrar sucesor sin pasar por las urnas. La decisión del PP ha sido: elegir como su sucesor al candidato que VOX contemple como más apropiado. Claramente a cambio de concesiones políticas que el partido encabezado por Abascal exigirá para mantener su apoyo, y hacer en la Comunidad Valenciana la mayoría de medidas del programa que anteriormente el PP evitaba. Por otra parte, su “renuncia” llega justo cuando ya tiene asegurada una pensión vitalicia de 86.000 euros anuales durante quince años. Si hubiese dimitido el año pasado, no hubiese tenido derecho a la misma. Además de todo esto, todavía no ha renunciado a su acta de diputado, en una evidente búsqueda del aforamiento para evitar ser juzgado por los tribunales ordinarios.


Mientras todo esto ocurre, las víctimas siguen reclamando justicia. No buscan venganza, buscan la verdad y que los responsables políticos asuman las consecuencias de sus actos. Pero nuevamente, lo único que han recibido es un discurso vacío, tardío y plagado de excusas. Mazón no habló de las víctimas hasta pasada media hora del comienzo de su intervención y dedicó el resto del tiempo a justificarse; volviendo a su lavado de imagen y culpando a otros de sus propios errores. 


Su dimisión no ha sido un acto de responsabilidad como quieren hacer creer a la población. Más bien, ha sido una dimisión a medias que destapa como funcionan las estrategias políticas. No se ha marchado por ética, sino porque la presión le ha superado y las mentiras tienen “las patas muy cortas”. Carlos Mazón no ha dimitido: ha huido. Y con él se va también una parte de la confianza de los valencianos en quienes en esos momentos deberían de haber tomado cartas en el asunto y no lo hicieron, cobrándose vidas enteras.




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