Manuel Salas: "En aquella época era todo muy poquillo, era todo miseria"
- Ana
- 10 dic 2025
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Actualizado: 11 dic 2025
Con 89 años, Manuel Salas López tiene una memoria capaz de contar casi un siglo de la historia de España. Nació en 1937, en plena Guerra Civil, ha vivido la dictadura, la muerte de Franco y la llegada de la democracia. Con motivo de los 50 años del fin del franquismo, hablamos con él para comprender cómo era el día a día bajo el régimen, qué cambios trajo la Transición y cómo observa hoy un país muy distinto al que se crio. En esta entrevista, repasa su experiencia personal con sus más y sus menos, pero caracterizada por la incesante lucha con la que le plantó cara a la vida para conseguir estar donde está hoy.

La infancia en la posguerra

Pregunta. -¿Cómo recuerdas tu infancia durante la posguerra?
Respuesta. - Nací en mayo, en Yunquera, un pueblo de Málaga en 1937. Ya estaba el problema de la guerra y el juzgado lo cerraron. Entonces a ningún chiquillo de los que habían nacido en aquella época, en el 37, se quedaron sin poderlo apuntar, digamos. No lo abrieron hasta finales de octubre. A partir de octubre ya mi madre me apuntó y yo, aunque he nacido en mayo, mi fecha de carnet pone que yo nací cuando me apuntó mi madre en octubre.
Además, en el pueblo, la gente que sembraban papas, pues no podían sembrarlas, el que tenía animales lo tuvo que dejar abandonado, en fin, que hubo también mucha pobreza en aquella época. No había ni papas, ni aceite, ni pan, el pan que vendían era un pan de "cebá", que se agarraba a la garganta y eso no se podía comer, pero no había otra cosa.
Bueno, una vez que saltó la guerra, pues todo el mundo que había hecho algo, porque estaban todos revolucionados, el que le tenía coraje a alguien de allí del pueblo, pues se vengó con lo que pudo. Y en una de estas quemaron la iglesia.
P.- ¿Había presencia de Guardia Civil u otras fuerzas del régimen en tu pueblo o ciudad?
R. A partir de que quemaron la iglesia, pues ya empezaba la Guardia Civil, ya en el cuarenta y tanto, ya la guerra se terminó. Total, que Franco es el que cogió el poder, porque antes estaban otros, los que llevaban eso. Cuando ya los republicanos perdieron porque Franco entró, muchos se fueron a las sierras, a las cuevas que hay por aquella parte, por la parte de Yunquera y se escondieron por allí. Una vez que terminó la guerra, bajaban para abajo para el pueblo de noche, se colaban por los mismos humeros, esos huecos que salen a la azotea, por ahí se colaban y las mujeres ya le tenían preparado algo, y ya otra vez se iban a la sierra. Pero poco a poco lo fueron cogiendo y fusilando, porque la Guardia Civil ya entró y sabían más o menos los escondites que tenían.
P.- ¿Qué era lo más difícil del día a día para un niño en aquella época?
R.- Pues mira, como mi padre estuvo en Málaga, estaba colocado, pero como se vinieron para Yunquera, pues se quedó sin trabajo y no sabía nada de campo, entonces aquí se quedó en el pueblo como una estatua, no sabía nada. A partir de ahí, ya mi madre tenía que buscar algo para nosotros, porque en aquella época, estaba yo solo, pero luego empezaron a haber niños.
En poco tiempo, mi madre tuvo a mi hermano Paco, con dos años y pico de diferencia, Encarna con otro par de años de diferencia y cuando nos dimos cuenta, habíamos seis niños chicos y mucha hambre, muchos piojos y muchas chinches, de todo menos cosas buenas.
Después de la guerra, lo que queda ya son muchos problemas. No hay trabajo y entonces mi madre no tenía para nosotros nada. Total, que entonces a partir de ahí, mi madre tuvo que decir tengo que buscar trabajo.
Profesiones y trabajos comunes

P.- ¿A qué se dedicaban tus padres y cómo les afectó la posguerra?
R.- Pues había un coche que le llamaban el correo, a partir ya de que se terminara la guerra. Cuando llegaba el coche ese que traía algunas cartas, que eso existía, para eso. De Ronda que salía, llegaba al Burgo, del Burgo llegaba a Yunquera y de Yunquera se iba a Alozaina, y así andaba unos pocos pueblos repartiendo cartas.
Mi madre iba, como te dije, a Ronda, traía una poquita de azúcar, como un kilo de azúcar, un poquito de café, y se la vendía a una fonda, que era la que estaba más pudiente, para comprar. Algunos plátanos que traía, en fin, traía tres o cuatro cosas, pero traía también azucarina, entonces la azucarina estaba perseguida. Ella se la traía guardada, pero lo que traía era, al menos 10 pastillitas, que la vendía una a una. Una de esas endulzaba 5 litros, de café, no café, era malta lo que se hacía, no había café que era cebá tostá, la molían y le daba oscuridad al agua. Porque en aquella época era todo muy poquillo, era todo miseria.
Eso eran las transperlistas, estas mujeres que iban a Ronda, que eran a lo mejor, dos, tres o cuatro mujeres, que estaban con mi madre, porque mi padre no trabajaba, y no entraba ni una peseta, entonces, estas personas, algo tenían que hacer. Total que como el coche, cada semana venía una vez, el del correo, pues iban a Ronda, y se quedaban allí durante tres días, y compraban. Muchas veces me iba yo a esperar el coche, y mi madre me tiraba por la ventanilla el paquetito con 10 o 15 pastillas. También había tabaco, que mi madre lo traía, le llamaban cuartelones, esos cuartelones mi madre llevaba una falda sobre el vestido, entonces se metía un par, eran dos tabletas de tabaco, y las vendía allí también poquito a poco. Pero como las registraran en Yunquera, cuando llegaba el coche, las metían en la cárcel, una cárcel que había allí unos pocos días, porque lo que les cogía eran muy pocas cosas, y en fin, que esa era la vida de aquella época.
Algunas veces salían los que se quedaban en la sierra, como no tenían qué comer, cuando pasaba el coche, bajaban para abajo en la carretera, tenían unos trabucos, bajaban a la gente, que por cierto, a mi madre la bajaron una vez, la registraban, les quitaban las cuatro cosas que llevaban, y otra vez se iban para la sierra, esos eran los bandoleros, les decíamos nosotros en el pueblo. Los bandoleros eran los que ya no habían cogido que se quedaron ya arrumbados por la sierra, que no lo habían cogido todavía la Guardia Civil. Bueno, pues así fuimos tirando bastante tiempo.
P.-¿ Y tu padre a qué se dedicaba?
R.- Mi padre, como no hacía nada en el pueblo, porque no entendía de campo , como te he dicho, estaba en Málaga y era de Granada. Total, que estaba aburrido en el pueblo y en la División Azul, salió allí un cartel o lo que fuera, que se apuntó a la guerra. La División Azul, estaba en Alemania. Yo en aquella época era muy jovencillo, yo no me acuerdo ni de cómo venía, pero según decía mi madre, venía como un pordiosero, un gitano. Mi padre cuando vino de la guerra, no contaba apenas nada de la guerra, nada más que me dijo en la guerra, Manolo, algunas personas se hacían así en la oreja y se le caían. Mucha gente iba hablando conmigo y se caían al suelo, pero que se caían al suelo listos de papeles. Que le daban alcohol nada más y una lata sardina, eso es lo que le daban, y cuando vino aquí venía de fumar que se le veía casi el hueso del dedo de fumar, todo negro. Luego se fue recuperando, pero se dedicó a beber vino nada más.
Los valores y la educación de la época

P.- ¿Cómo era la convivencia familiar en un contexto tan duro?
R.- No se llevaba bien mi padre con mi madre, eso era ya otra cosa. Cuando vino como no estaba bien, estaba descontrolado y se iba nada más a beber. Por ejemplo, cogía algo del campo, y se lo vendía a la gente. Porque mi madre compró un campito allí, tenía naranja, unas poquitas, no muchas, y cogía unas pocas de naranjas y se las vendía al que le daba el vino. Miseria pura, pero así fue la cosa.
P.- ¿Cómo era la escuela en la posguerra?
R.- Cuando ya pude ir al colegio, ya tenía yo 8 años, más o menos, no estoy seguro. Entonces mi madre como sabía leer y escribir, pues dijo mira, este niño no lo dejo yo sin leer y escribir. Entonces íbamos al colegio. El maestro se llamaba Don Pavón, era del pueblo. Éramos allí 3, 4 o 5 niños, no había más y de noche. Ya cuando pasó un año más o menos así, ya mi madre me quitó de Don Pavón. Porque mi madre compró dos cabras y yo tenía que llevarlas al campo a darle de comer con 9 años. Por la noche, ya teníamos la leche que nos daban las cabras. Y cuando tuve Allí ya 14 años yo lo que hacía era que seguía con las cabras o otras que tenía, con el fin de que le ayudaba yo a mi madre.
P.- ¿Tuviste que trabajar desde pequeño para ayudar en casa?
R.- Cuando yo me vine a Cádiz yo tenía 14 años, y ya estaba mi hermano Paco, la Encarna, y la Teresa, me parece. Total, que yo le dije a mi tía, que tenía mucha amistad con el cura, a ver si te enteras, de si el cura sabe de algún chiquillo que quieran para Cádiz, para vender o para trabajar. Pero yo en Cádiz no conocía a nadie. En Cádiz solo había unos cuantos chavalillos de Yunquera que se fueron antes que yo, pues yo me fui con 14 años, y cuando llegué me estaba esperando un chaval, que yo no sé ni quién era.
Era el hijo de donde yo iba, para llevar mandados, entonces cuando yo llegué a Cádiz, pues yo no conocía a nadie ni nada, sino que me fui con ese chaval que era el hijo del almacenero. Me dijo ahí tienes la cama, un catre que había debajo de un techillo, y allí dormía también un hermano de él, que tenía una apalgatería. Y por la mañana, pues nos íbamos para la tienda.
Los primeros meses me iba con el hijo del dueño, a donde había que llevar los mandados, que era al seminario, y al hospitalito de mujeres, y a tres o cuatro sitios que había, porque lo que tenía este almacenero eran sitios de hospital de Cádiz. Entonces en una carretilla llevábamos las cosas, medio saco de papas, azúcar, café, lo que iba habiendo ya en las tiendas.
Las comidas eran malísimas, y había muchas ratas en la tienda todos los días y por lo visto, hubo una infección allí, yo estuve poco tiempo, unos 8 meses allí, me quedé muy delgado.
Un día me encuentro yo a Pepe Rivas, que era de Yunquera y tenía estas tiendas, que yo no lo sabía, pero sino que yo lo vi, y yo lo conocía de que había ido allí al pueblo algunas veces de permiso, o de vacaciones, de lo que fuera. Entonces, ya con Pepe Rivas yo tenía una tienda de alimentación debajo de tu abuela, una tienda de ultramarinos. Y ahí me llevé yo hasta que fui a la mili. A partir de la mili, ya es otra historia, yo fui a la mili, ya me vine cuando me licencié, y a partir de ahí, ya cuando me licencié, me quedé parado, porque no tenía trabajo y me fui a Málaga.
Últimos años del franquismo

P.- ¿Recuerdas el día que murió Franco? ¿Qué ambiente había?
R.- Como yo no me metí en política nunca, no supe. Escuchaba la radio… Me acuerdo bien que salió en televisión, Franco ha muerto.
Bueno, pues yo recuerdo que cuando Franco venía a Cádiz, se llenaba de gente para aplaudirlo. Por donde venía Franco era todo un montón de gente. Lo que sí había era mucha disciplina, que tú, por ejemplo, no podías estar a lo mejor a la una de la noche en la calle. Había disciplina, pero como a mí eso no me afectaba. Yo cerraba mi tienda a las doce por ahí y ya está. Y los que tenía allí no había problema, eso lo llevaba yo bien, no se podía hablar. Más de cuatro o cinco personas no podían estar, eso sí me acuerdo.
Pero en la tienda tampoco había mucha gente y los que había no hablaban de política, porque eran conocidos, y no hablaban de política. La verdad que la tienda que yo tenía era chica y los que venían jugaban a las cartas y ya está, pero política no había. Cuando salió el nodo que iba a inaugurar un pantano, estaba todo el mundo muy contento con Franco en aquella época. Recuerdo que cuando murió estaba en su cajita, eso sí me acuerdo, porque lo echaron a la tele, claro.
La transición y llegada de la democracia española

P-. ¿Qué cambios empezaste a notar en la sociedad y en tu vida cotidiana?
R.- Bueno, la verdad es que seguía todo por el estilo. Franco murió y entró Juan Carlos, estaba de rey ya, y toda esa historia. Pero poca cosa, muy despacio todo y como el que estaba metido en política todo eso si lo iba viviendo, pero yo estaba en la tienda las 24 horas.
¿Pasado pisado?

P.- ¿Crees que España ha aprendido de su pasado?
R.- Claro que ha aprendido, de que el pasado ha sido malísimo. Franco fue muy duro también, porque Franco mató, según dicen, ahí no llego yo, pero hay mucha gente que Franco decía ¿Quién es Fulano? Mengano y Sultano, esos al paredón. Lo llevaban bien a las plazas de toros y a donde fuera lo mataban, en una carretera...
P.- ¿Qué le dirías a los jóvenes de hoy sobre aquella época?
R.- Que estudien, que trabajen, que no miren la droga porque es ruina pura y que luego cuando les salga un trabajo, que lo trabajen y que lo estudien bien, con el fin de que es su porvenir. Un trabajo sea donde sea, sea en un bar o sea de escribiente, sea en el ayuntamiento, pero que se preparen.



