La otra cara del emprendimiento: por qué los autónomos dicen basta
- Paula Cabezalí
- 19 dic 2025
- 7 min de lectura
Actualizado: 26 dic 2025
La protesta de quienes sostienen la economía y sienten que el sistema les da la espalda

CUANDO LA CALLE SE CONVIERTE EN ALTAVOZ
"Esta es la primera manifestación que hacemos, pero no será la última". Con este aviso arrancaba el discurso uno de los organizadores de la protesta de autónomos el pasado 30 de noviembre en Sevilla. Esta manifestación no fue una marcha más: era el estallido de cientos de trabajadores cansados de sostener un sistema que, según denuncian, les exigen como a empresas pero les dejan desprotegidos.
Sin banderas políticas ni siglas sindicales, la Avenida de la Constitución se llenó de cánticos: “No somos esclavos, somos autónomos”; “nadie nos defiende gobierne quien gobierne”; o el clásico “autónomos unidos, jamás serán vencidos”. La movilización fue una decisión pactada y consciente de un colectivo que se siente desamparado y asfixiado por una presión fiscal que no da tregua.
Pero, ¿qué hay detrás de estos gritos? ¿Es España un país que castiga al que emprende? A través de testimonios directos, el análisis técnico de la economista Maripaz García y el repaso a los datos oficiales, nos adentramos en la realidad de esos 3,3 millones de personas que, si no trabajan, no cobran.
Manifestantes en la Avenida de la Constitución el día 30 de noviembre | Paula Cabezalí
¿QUÉ SIGNIFICA SER AUTÓNOMO EN ESPAÑA?
Ser autónomo en España implica desarrollar una actividad económica por cuenta propia, sin la red de seguridad de un empleador, y asumiendo de forma personal e ilimitada todos los riesgos económicos, legales y administrativos. Según los últimos datos del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, España cuenta con más de 3,3 millones de trabajadores por cuenta propia, una cifra que demuestra que ellos son, en realidad, los que sujetan la economía del país.

“Un autónomo es alguien que decide emprender un proyecto propio para no depender de nadie”, explica Maripaz García, profesora asociada del Departamento de Economía Aplicada en la Universidad de Sevilla y directora de una entidad financiera. “Su importancia es vital porque casi cualquier gran empresa que conocemos hoy nació de la valentía de un autónomo”.
La profesora subraya, además, el papel tan importante que este sector ha jugado en los momentos más oscuros de la economía del país: “Durante la crisis de 2008, gracias a los autónomos conseguimos avanzar, porque ellos emprendieron nuevos caminos cuando el empleo asalariado se desplomaba”.
DOS REALIDADES, UN MISMO SISTEMA FISCAL
La brecha que existe entre el trabajador asalariado y el autónomo es profunda, a pesar de que ambos sostienen el sistema público con sus impuestos. Mientras el primero goza de la protección de un contrato, salario garantizado, vacaciones pagadas y una cobertura clara en caso de desempleo, el segundo habita en la incertidumbre constante. El autónomo debe generar sus propios ingresos desde cero cada mes, afrontar una cuota obligatoria a la Seguridad Social, independientemente de sus beneficios, y aceptar que: si no trabaja, no ingresa; pero si no ingresa, sigue pagando.
“El tejido empresarial de un país necesita ser impulsado, y para eso hay que facilitarle las cosas al autónomo, no ponérselas más difíciles”, señala Maripaz García.

Esa falta de facilidades y apoyo se traduce en una vulnerabilidad física y emocional que los propios trabajadores lo acaban asumiendo con humor. “Existe la broma de que los autónomos no nos ponemos malos”, explica Álvaro, psicólogo general sanitario que gestiona su propia consulta privada. Durante la entrevista, su voz suena resentida por un proceso gripal: “El viernes pasado tuve que dar sesiones prácticamente afónico. Sigo mal, pero no podemos permitirnos faltar porque no hay nada que nos ampare”.
A esta desprotección social se suma la soledad administrativa. Como resume con firmeza la economista: “El autónomo paga impuestos como una gran empresa, pero lo hace sin departamento financiero". Esa carga burocrática obliga al trabajador a elegir entre sacrificar sus horas de descanso para cuadrar cuentas o tomar parte de sus beneficios para pagar a una gestoría externa que les ayude.
IMPUESTOS, CUOTAS Y BUROCRACIA: UNA CARGA CONSTANTE
Uno de los principales motivos de protesta es la acumulación de obligaciones fiscales. Los autónomos deben hacer frente, principalmente, a tres: la cuota a la Seguridad Social, el IRPF y el IVA.
“El autónomo paga IVA, hace IVA soportado y repercutido y lo liquida trimestralmente”, detalla la profesora y economista Maripaz García. “Funciona como una empresa: no paga el IVA como coste, sino que lo recauda para Hacienda. El único que paga realmente el IVA es el consumidor final”. Sin embargo, aunque no sea un coste directo, supone una gran carga administrativa. “El problema grande es la burocracia. Además, tienen que ir guardándolo porque, si al final les sale a devolver, tienen que pagar”, advierte la economista.
El testimonio del psicólogo Álvaro pone cifras concretas a esta realidad. Aunque su actividad sanitaria está exenta de IVA, los gastos no dejan de acumularse: “Pago mensualmente una cuota oficial de autónomo de unos 286 euros. Luego, el 15% de IRPF de cada sesión; si hablamos de una sesión de 60 euros, 9 euros se van directamente. Si cobro por tarjeta, se llevan otro porcentaje. Además, pago unos 20 euros al año de responsabilidad civil y 125 euros al semestre por estar colegiado”.
A esto se le suma el coste de la infraestructura: “Pago un alquiler de unos 1.068 euros con IVA. Luego luz, agua, internet, material, publicidad… Si sumas todo, parece que se gana mucho, pero resta, resta y al final no queda tanto”.
Concepto | Importe | Porcentaje aprox. |
Facturación Bruta | + 2.500 € | 100% |
IRPF (Retención 15%) | - 375 € | 15% |
Cuota Seguridad Social (Media) | - 320 € | 13% |
Alquiler local/despacho + suministros | - 600 € | 24% |
Gastos (Gestoría, Seguros, Material) | - 200 € | 8% |
BENEFICIO NETO REAL | 1.005 € | 40% |
Desglose de gastos y retenciones en el sector servicios. El beneficio real (1.005 €) se sitúa por debajo de muchos salarios base tras asumir el trabajador todos los riesgos y costes de la actividad.
LA MANIFESTACIÓN: “LUJOS NO, DERECHOS SÍ”
El malestar acumulado se vio reflejado durante la manifestación en Sevilla. Desde el escenario, uno de los organizadores lanzó un discurso rotundo: “Llegaremos donde tengamos que llegar, pero esto se va a acabar. Estamos cansados de que nos utilicen como sus huchas. Como si fuéramos basura, literalmente, como si fuéramos unos esclavos. Los políticos nos llaman privilegiados mientras nosotros ponemos nuestro patrimonio y nuestro corazón”. Mientras hablaba, los asistentes gritaban al unísono: “¡Basura! ¡Autónomos, sí! ¡Políticos no! ¡Nadie nos defiende, gobierne quien gobierne!”.
Entre los manifestantes estaba una técnica en pediculosis, cuyo testimonio refleja el gran malestar general: “Estamos hartos de pagar impuestos. Pagamos muchísimo y no tienen en cuenta nuestros gastos, como la hipoteca. Llego a mi casa a las once de la noche muchas veces y mi niño no está conmigo. No ve a su mamá”.
EL MITO DE LA PROTECCIÓN SOCIAL
Uno de los aspectos más criticados es la falta de protección real. “Si un autónomo se pone malo y tiene que cerrar su empresa, nada. La mutua no cubre nada”, denunciaba el organizador en su discurso. Álvaro coincide: “No tenemos vacaciones, no tenemos bajas. Somos los grandes olvidados”. Los datos lo confirman: según la ATA, menos del 10% de los autónomos accede a la prestación por cese de actividad, lo que refuerza la percepción de desigualdad frente al asalariado.
Incluso la reciente reforma de cotización por ingresos reales es vista con desconfianza: “La han cambiado para hacerla más complicada y con un fin exclusivamente recaudatorio. Nos usan como si fuéramos un banco”, lamentaba el portavoz de la protesta. García añade que esta complejidad "desincentiva el emprendimiento, especialmente entre los jóvenes. Ya nadie quiere ser autónomo”.

¿QUIÉNES SON LOS MÁS AFECTADOS?
El sector servicios (bares, tiendas, consultas, freelance) es el más castigado. En Andalucía, esto es crítico: “Aquí hay menos tejido empresarial y mucha gente empieza siendo autónoma. Si no se les apoya, se producirá un problema económico grave”, advierte García. La reducción de este colectivo tendría efectos directos en el empleo, el consumo y la innovación: “Si los autónomos desaparecen, la economía se resiente”.
HACIA UN MODELO MÁS JUSTO: ¿QUÉ SOLUCIONES PROPONEN?
La protesta de Sevilla no solo sirvió para enumerar agravios, sino para poner sobre la mesa una hoja de ruta necesaria. Tanto los manifestantes como los expertos coinciden en que el sistema actual necesita una cirugía de urgencia si no quiere ver cómo desaparece el pequeño emprendimiento.
Entre las medidas más reclamadas destacan:
Protección real por enfermedad: Que la baja médica sea efectiva desde el primer día y que incluya la exención del pago de la cuota mientras el trabajador no pueda generar ingresos.
Simplificación burocrática: Reducir el papeleo para que el autónomo pueda centrarse en su negocio y no en la administración.
Ayudas que premien la consolidación: No solo apoyar el inicio (como la tarifa plana), sino ayudar a los negocios que ya llevan años y sufren para mantenerse.
Desde el ámbito económico, la profesora Maripaz García es tajante en su análisis: "Hay que facilitarles más las cosas". Según la experta, la clave no es solo bajar impuestos, sino cambiar la mentalidad del sistema: “El tejido empresarial de un país hay que impulsarlo, no castigarlo. El autónomo es la base de todo y, para que se desarrolle, necesita que la administración le quite peso de encima, no que lo use como un departamento financiero gratuito”.
Para la economista, el futuro pasa por un sistema que entienda que el autónomo es una persona y no solo una hucha recaudatoria. Si se facilita la vida del que empieza y del que ya está, la economía española será más resiliente y menos dependiente de las grandes corporaciones.
CONCLUSIÓN: UNA PROTESTA QUE ACABA DE EMPEZAR
“Queremos trabajar, no queremos paga”, gritaban los manifestantes. La protesta de Sevilla no fue un hecho aislado, sino el reflejo de un malestar creciente entre quienes sienten que sostienen la economía sin recibir protección a cambio.
Como dijo el organizador al cerrar su discurso: “Esto acaba de empezar”. Y la calle, esta vez, les ha dado la razón para alzar la voz por un futuro donde ser autónomo en España deje de ser un acto de heroísmo y pase a ser una opción digna y protegida.









