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Eva Ruiz: "La auténtica pandemia de este siglo es la soledad"

  • Foto del escritor: Ismael Serrano
    Ismael Serrano
  • 8 dic 2025
  • 9 min de lectura

Actualizado: 19 dic 2025

Eva Ruiz, durante una emisión de La tarde, aquí y ahora | Ismael Serrano
Eva Ruiz, durante una emisión de La tarde, aquí y ahora | Ismael Serrano

Después de 16 años en antena y 4.000 emisiones, La tarde, aquí y ahora es mucho más que un programa de televisión. Cada tarde, Eva Ruiz acompaña a los andaluces y andaluzas que buscan compañía, ilusión o simplemente alguien con quien compartir un momento. Gracias a su cercanía y a la empatía que demuestra cada tarde, la presentadora ha conseguido que la televisión sea un lugar donde las personas se sientan escuchadas y acompañadas.


Su complicidad con Juan y Medio y el cuidado del equipo en cada detalle hacen que el programa funcione como una gran familia. Antes de llegar a televisión, Eva pasó por concursos de belleza y la danza, experiencias que le dieron herramientas únicas para conectar con los espectadores y entender cómo llegar a ellos de manera natural y cercana. Hoy hablamos con Eva para descubrir cómo se construye un programa capaz de cambiar la vida de tantas personas y cuál es la clave de su éxito y compromiso social.


El programa y su impacto social


Eva Ruiz, Juan y Medio y tres invitados en el plató de La tarde, aquí y ahora | Ismael Serrano
Eva Ruiz, Juan y Medio y tres invitados en el plató de La tarde, aquí y ahora | Ismael Serrano

Pregunta. —Acabáis de celebrar las 4.000 emisiones de La tarde, aquí y ahora. ¿Qué significa para ti alcanzar esta cifra?


Respuesta. —Es un auténtico sueño, algo que nunca me había planteado siquiera. Cuando empiezas un programa, te hacen un contrato por tres meses y sabes que algo así puede ser muy efímero. Te hacen una serie de 13 más menos dos y llevamos 16 años. Es algo que realmente no se me pasaba por la cabeza, pero, claro, es un sueño y me hace muy feliz. Y que sean muchos más.


P. —¿Qué crees que ha hecho posible que el programa siga siendo líder después de 16 años?


R. —El formato en sí. Es realmente un formato blanco, que cambia la vida de las personas, y eso se ha demostrado. Al principio costó mucho que la sociedad cambiara de mentalidad para entender que la soledad era un problema, es una enfermedad. Yo creo que la auténtica pandemia de este siglo es la soledad.


A día de hoy somos más conscientes de que la soledad hay que cambiarla, que hay que erradicarla. Nuestros mayores, aunque también viene gente muy joven al programa para cambiar la situación de soledad que viven, tienen derecho a hacer su vida como quieran y con quien quieran. Y esto ha sido algo brutal.


Esto es lo que nos mantiene siendo líderes, nunca entramos en terrenos que no corresponden a la línea editorial del programa, y de verdad, la gente viene confiando. Tú llamarías a tu padre o a tu madre para que vinieran al programa a cambiar la vida, y sabes que aquí no los vamos a dejar mal, ni los vamos a poner en peligro.


Entonces, esa confianza que nos hemos ganado con el espectador y con el andaluz, sumada a que somos los mejores haciendo nuestro trabajo, es lo que hace que sigamos siendo líderes tantos años después.


P. —¿Recuerdas cómo fueron los primeros días de emisión?


R. —Sí, lo recuerdo fantástico. Estaba nerviosa, pero venía de trabajar como actriz antes. Juan, como ya he contado en muchas entrevistas, me lo propuso, y con esto salimos en los zapping nacionales de la época.


Lo recuerdo con mucha ilusión, porque te llaman para hacer un programa y al principio piensas solo en un trabajo. Querías gustar, querías que todo saliera bien. El primer día fue una audiencia espectacular, pero el segundo día ya empezamos a manejar las audiencias.


Con el tiempo entendí que esto no solo era un programa de audiencia, no solo era un trabajo, sino que abarcaba mucho más. Ahí fue cuando me relajé y pensé, estoy tranquila, estoy en el mejor programa del mundo.



P. —¿Y hay alguna historia que recuerdes con emoción?


R. —Recuerdo muchísimas historias que me han llegado al corazón. Es rara la tarde en la que no vivimos algo así. El espectador se entera solo de la parte que tiene que ver, la que preparamos nosotros, pero detrás hay historias que nos desgarran.


De la primera etapa recuerdo a una mujer que estaba a punto de morirse, tenía una enfermedad degenerativa, y aun así acompañó a su marido al programa para que empezara a conocer a otras señoras con su garantía, estando ella viva. Aquello me hizo cambiar la perspectiva de la vida, del egoísmo, de lo que realmente es el amor. Me dejó loca, te lo digo.


Y como esa historia hay muchas más que hemos vivido en el programa y que, de verdad, te hacen poner en perspectiva la vida, los valores, los sentimientos y las emociones que descubrimos aquí cada tarde.


P. — Se suele decir que no salváis vidas, pero sí almas. ¿Qué significa para ti esa frase?


R. —Creo que también salvamos vidas, porque realmente la soledad, cuando la somatiza alguien que viene sin ganas de comer, que ha perdido 30 kilos y que tiene pensamientos negativos, yo creo que sí les cambiamos la vida también. Y salvamos vidas. Y, por supuesto, almas.


Hay muchas almas que vienen desesperadas. Hoy nos contaba el invitado, José: “Vengo destrozado por la soledad”. Cuando alguien te dice que está destrozado porque no tiene hijos y no tiene a nadie en el pueblo, es que está solo literalmente. Es una frase muy fuerte, una historia muy fuerte.


La imagen de José esta tarde no se te olvida tan fácilmente, yo me la llevo a mi casa. Y cuando te llevas el trabajo a casa y piensas que si dentro de dos semanas José viene a conocer a una señora y llega con una sonrisa, y solo hablando por teléfono ya se ha sentido acompañado, eso es brutal. Por lo tanto, creo que salvamos almas y salvamos vidas también.


P. —¿Cuál dirías que es el mayor logro social del programa hasta ahora?


R. —El mayor logro social ha sido cambiar la mentalidad de la gente, la visión que tenían los jóvenes, y que teníamos todos, sobre la relación con nuestros padres y sobre la independencia que pueden y deben tener los mayores. Tienen derecho a hacer lo que les dé la gana. Quieren cambiar su vida y no son “viejos verdes” ni “viejas verdes”, son hombres y mujeres que han pasado muchísimo y que no vienen al programa a reclamar nada, sino simplemente a buscar una oportunidad para vivir el resto de su vida como ellos quieren.


Eso me parece un logro buenísimo. Hoy en día, cuando le dices a un andaluz llama a Juan y Medio, nadie piensa que es una horterada o un peligro. Saben que están en manos del programa, que él es la cara visible, pero detrás hay un equipazo, yo misma, cualquier redactor o redactora, cualquier persona de producción o dirección, todos trabajando con el mismo lema.Trabajamos por ellos. Por eso creo que ese es el mayor logro social.


Compañeros y trabajo detrás de cámaras


El plató de La tarde, aquí y ahora en pleno rodaje | Ismael Serrano
El plató de La tarde, aquí y ahora en pleno rodaje | Ismael Serrano

P. —Hablando de Juan, se os ve una complicidad enorme, ¿cómo definirías tu relación con él?


R. —Bueno, yo creo que salta a la vista. Tenemos mucha complicidad y nos entendemos muy bien. Nos conocíamos desde antes de empezar el programa y, conforme más tiempo pasamos juntos, la afinidad y la complicidad han crecido. Y claro, cuanto más conocemos al otro, más confianza y cercanía tenemos.


Creo que esa relación que se ve en pantalla es real, y por eso llega al público. Todo lo que percibe el espectador, si fuera una impostura, se nota, se detecta y se huele.


Se trata de una relación de amistad, de cariño, casi como de familia. Encajamos muy bien y nos llevamos estupendamente.


Eva Ruiz junto con Juan y Medio | Canal Sur Tv
Eva Ruiz junto con Juan y Medio | Canal Sur Tv

P. —¿Qué has aprendido de él a lo largo de los años?


R. —Muchísimo. Profesionalmente, he aprendido muchísima televisión. Él ya venía con una gran experiencia, es una estrella, un comunicador excepcional, de los mejores de España. Con él he aprendido el tempo televisivo, algo que no encuentro en muchos grandes presentadores del país. También cómo manejar situaciones delicadas y convertir un momento de pena en alegría.


Nunca nos reímos de nuestros mayores, nos reímos de nosotros mismos y ese tipo de humor irónico que él tiene es lo que distingue nuestro programa del resto de los magazines. Eso lo he aprendido gracias a Juan, y para mí es único.


P. —¿Cómo conseguís mantener la frescura y naturalidad después de tantos años entre vosotros?


R. —Intentando ese efecto natural. Estoy siendo yo misma, igual que aquí o en cualquier otro sitio. Intentamos aportar con “doce pipas", como él dice, o con “cero euros”, lo mejor que tiene cada uno. Si una compañera llega y va a merendar, sabemos cuándo enfocarla para jugarle una pequeña broma. Y si de pronto el perro se escapa del camerino y me lo llevan, pues es fenomenal. Creo que esa naturalidad es una de las virtudes del programa. Intentamos ser lo más auténticos posible.


Yo creo que la naturalidad es la nueva comunicación de ahora. Ahora mismo Jesús Hermida no funcionaría igual en televisión. Un grande como él, al que siempre admiré, pero la comunicación hoy es rápida, concreta, concisa y natural, como en TikTok, donde cada vídeo dura un segundo. Todo lo demás no funcionaría ahora mismo. Igual mañana cambia y se lleva otro tipo de comunicación, pero nosotros lo tenemos muy claro.


P. —Y hablando de los compañeros, ¿qué importancia le da al equipo que trabaja detrás de cámaras?


R. —Hacer un programa estupendo no depende solo de los presentadores, sino de todo el equipo. Desde la persona que limpia el plató, que asegura que el espacio esté impecable para recibir al público, hasta el chofer que recoge a los invitados y los atiende con cariño. Cada detalle cuenta.


Las caras visibles somos Juan y yo, pero el programa lo hace todo el equipo. La redacción, por ejemplo, tiene que ser muy sensible al hablar con cada persona, detectar la soledad o la urgencia que pueda tener y valorar si está preparada para venir. Cuando alguien está listo, pasa por coordinación y dirección, y así sucesivamente. Todo el trabajo detrás de cámaras es fundamental.


P. — ¿Los espectadores se sienten parte de la familia? ¿Qué responsabilidad implica eso?


R. —Sí, creo que mucha. Tú sabes qué tipo de programa haces. No puedes comportarte de cualquier manera fuera del plató, pero ya sabes que haces un programa blanco, en el que la gente te quiere como parte de la familia, como te reciben en el plató.


Gente que viene de Huelva para darte un beso porque, cuando estaba enferma, te veía en televisión, y su ilusión era venir al programa a verte. Te deja sin palabras, y a mí me pasa lo mismo. Cada día, cada tarde, solo recibo cariño.


Habrá gente que no esté de acuerdo o que critique, seguro que la hay, pero hasta ahora me llevo siempre lo mejor. Me llevo el cariño, y lo traslado cuando me cuentan cómo ha sido su experiencia.


Creo que no podría hacer un programa en el que me demostraran más afecto. Y es por la sensibilidad que tiene el programa. Parece que estamos siempre de risa, pero detrás hay mucho trabajo para no cruzar nunca una línea roja, algo que nunca haríamos.


Trayectoria profesional y futuro


Eva Ruiz durante el concurso de Miss World Málaga | Diario Ronda
Eva Ruiz durante el concurso de Miss World Málaga | Diario Ronda

P. — Antes de la televisión fuiste bailarina y participaste en certámenes de belleza. ¿Qué te enseñó esa etapa?


R. —Me enseñó muchísimo, sobre todo el contacto con el público. Soy licenciada en danza y también profesora de danza. Después fui Maja de Andalucía, Maja de España, Maja Internacional y Miss Europa. Todo eso me permitió estar en contacto con la gente.


La danza es también una forma de comunicación, y cuando me subía a una pasarela sentía que seguía comunicando. La primera vez que hice televisión fue en Telecinco, tras un casting. Después continué un tiempo con trabajos para marcas, como El Corte Inglés en Málaga. Para mí fue un paso natural, algo que se dio de forma casual.


Aunque no lo busqué, todo lo que me fue llegando lo fui trabajando mucho. He hecho muchos kilómetros y muchas cosas, y al final las oportunidades han salido bien.


P. —Y después de tanto tiempo acompañando a los andaluces cada tarde, ¿qué te ha enseñado el público?


R. —El público me enseña que es soberano y que no se le puede engañar. Normalmente no puedes engañar al público, y siempre le debo el máximo respeto, que es con el que yo le trato. Esto vale haciendo televisión y fuera de ella. Incluso cuando voy al Mercadona, la gente que me ve también es parte de mi público, y a esa gente siempre le debo respeto.


P. —¿Qué te gustaría seguir aportando en el futuro del programa y de tu carrera?


R. —Seguir siendo como soy. Ahora mismo me aporta mucho la naturalidad, el cariño y el respeto. También me gustaría hacer prime time como he hecho algunos, musicales y casi todo tipo de formatos, aunque hay algunos con los que no me gustaría lidiar. En general, continuar haciendo lo que hago ahora mismo sería un sueño. No es fácil mantenerse 16 años en televisión con el mismo formato, así que seguir así hasta que me jubile sería fantástico.



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