Becas y ayudas: el beneficio de unos pocos
- María Ferrete
- 27 nov 2025
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Se habla mucho de los más de 1,4 millones universitarios que se benefician de las becas en España y de un presupuesto de 2.544 millones de euros destinados a estas ayudas al estudio, como si estas cifras se pudieran usar para demostrar que la igualdad de oportunidades está garantizada. En teoría, los que pertenecen a ese número son los que “de verdad lo necesitan”, pero la realidad está llena de retrasos, criterios desajustados, incertidumbre e injusticia.
Lo cierto es, que este número solo incluye a un mínimo del estudiantado y que muchos se quedan fuera de los umbrales y de los “criterios” que a simple vista y que supuestamente son “justos” para los estudiantes universitarios o de grado superior. Se suele decir que las becas son ayudas para financiar las carreras y hacer que los jóvenes puedan estudiar libremente sin tener cargas económicas o estar agobiados por compaginar con un trabajo, pero todo ello queda bastante lejos de la realidad, pues a los que superan dichos umbrales se les "abandona" en muchas ocasiones de cara al merecimiento de esa ayuda y se ven obligados a buscarse la vida para ayudar en casa o simplemente pagar sus estudios.
Todo comienza con las solicitudes, aplicas en primavera y tienes que esperar hasta mínimo septiembre para conocer si has sido seleccionado para optar a esa ayuda o no. En ese momento es cuando comienza lo complicado de verdad: unos son descartados por símplemente superar los umbrales de renta o no cumplir con los requisitos, aunque necesiten esa ayuda; otros, sin embargo, tienen la suerte de recibirlo y pueden o tener un camino fácil o, por el contrario, comenzar su pesadilla, lo que suele ser más común.
En ese momento debes de tener preparadas todas tus fuerzas para lo que se viene, pues probablemente debes presentar muchísimos papeles y seguir esperando hasta que bien entrado el curso recibas en tu cuenta bancaria la cantidad que mereces (o no). Sin embargo, los que se quedan fuera deberán probablemente hacer malabares y contar céntimo a céntimo para llegar a fin de mes, o simplemente ponerse a trabajar y exprimir cada minuto de sus días para compaginar trabajo, clases, estudio y vida social, porque no dejan de ser jóvenes que en muchos casos viven fuera de sus casas.
Se suele decir que “el que quiere, puede”. Hay mucho más allá de todo lo que no se ve, solicitudes que quedan bloqueadas por fallos informáticos, estudiantes que entran a diario en la web del ministerio a buscar resoluciones y conversaciones repetitivas sobre problemas particulares. Por eso, hablar de mala gestión no es un caso aislado: es tener en cuenta algo que aunque en la teoría se vea como un derecho reconocido, en la práctica se vuelve toda una pesadilla que parece imposible.
Si de verdad buscamos un sistema que sea justo y que se aplique a todos, no basta con ampliar las ayudas, sino que se debe de revisar el “papeleo” y los criterios a cumplir, que vistos desde fuera, se convierten en una prueba de aguante contra el tiempo y los requisitos.



