Coraje y Éxito en la Pista
- Paula Cabezalí
- 15 dic 2025
- 14 min de lectura
Actualizado: 19 dic 2025
María Portillo Pérez es una jugadora profesional de pádel que representa el esfuerzo, la disciplina y la constancia como pilares fundamentales de su carrera deportiva. Nacida en Alcalá de Guadaíra, encontró desde muy pequeña en el pádel una pasión que, con el apoyo incondicional de su familia, fue creciendo hasta convertirse en su proyecto de vida. Con dedicación y paciencia, decidió dar un paso más y trasladarse a Madrid para seguir persiguiendo sus sueños, consolidándose hoy como una figura reconocida dentro del panorama del pádel profesional y un ejemplo de amor por el deporte y superación personal.

Infancia y familia

Pregunta: Para comenzar tenemos a María Portillo Pérez, una jugadora profesional del pádel y nos va hacer una breve presentación.
Respuesta: Hola, soy María Portillo Pérez y tengo 24 años. Empecé a jugar al pádel con nueve años. Estuve primero dos añitos jugando al tenis, pero en mi familia todo el mundo jugaba al pádel. Entonces me animé a probarlo, me gustó mucho y empecé a jugar. Y ya desde los diez, solamente estuve un año entrenando y a los diez años ya empecé las competiciones oficiales. Primero por Sevilla y Andalucía y poco a poco, a medida que fui creciendo, pues empecé a jugar torneos nacionales. Y en 2021 debuté por primera vez en el circuito profesional hasta el día de hoy.
P.- ¿Qué significado tiene el deporte para tu familia y cómo influyó en tu camino dentro del pádel?
R.- Mi familia es la gran responsable de que hoy sea deportista. Empecé a jugar al pádel gracias a ellos, porque fueron los primeros en practicar este deporte, y les estaré eternamente agradecida por haberme inculcado este estilo de vida ligado al deporte.
A día de hoy, siendo ya más mayor, madura e independiente, siguen siendo mi mayor apoyo y mi principal fuente de motivación. En gran parte, lo hago por ellos, por intentar devolverles todo el esfuerzo y los sacrificios que han hecho a lo largo de estos años para que hoy pueda estar compitiendo y donde estoy.
Vida profesional

P.- Naciste en Alcalá de Guadaíra y actualmente vives en Madrid. ¿A qué se debe ese cambio?
R.- Sí, soy de Alcalá de Guadaíra, Sevilla, y llevo dos años viviendo en Madrid dedicándome profesionalmente al pádel. Entreno en una academia, donde también estoy con muchas jugadoras que están en mi misma situación. Además, aquí están los entrenadores de élite del pádel.
P.- ¿Cómo ha cambiado tu vida desde que decidiste dedicarte de manera profesional al pádel?
R.- Pues yo antes de dedicarme plenamente al pádel a nivel profesional, estudiaba también en la universidad, me saqué la carrera de fisioterapia y cuando vivía en Sevilla, obviamente entrenaba, pero con menor intensidad porque tenía que compaginarlo tanto con la universidad como con las prácticas. Entonces, bueno, no le dedicaba todo el tiempo que me gustaría ni podía competir todo lo que me podría permitir porque a nivel de tiempo era inviable.
Desde que estoy aquí en Madrid, me estoy dedicando única y exclusivamente a los entrenamientos y a la competición. Por tanto, ya no solo las horas de entreno que le dedico al día, que suelen estar en torno a las 4 horas diarias, sino que todo mi día a día gira en torno al pádel. Todo lo que es el descanso, la alimentación, mi rutina, las cosas que hago aquí en Madrid en mi día a día son ir al fisioterapeuta, al nutricionista, al podólogo, hacerme revisiones médicas, todo por y para el deporte.
P.- ¿Cuántos torneos sueles jugar al mes y cómo influye ese ritmo de vida en tu vida diaria?
R.- Es un poco caótico, la verdad, porque cada semana estoy en un país diferente y hay muchísimos viajes, casi todos en avión, ya que la mayoría de los torneos son fuera de España. Cuando compito en España, eso sí, suelo ir en coche y aprovecho para hacer algún viaje por carretera, que siempre se agradece para ahorrarte algún vuelo.
No tengo un número fijo de torneos al mes; depende del calendario y de cómo me organice. Aun así, para que te hagas una idea, suelo jugar unos tres torneos al mes, e incluso cuatro cuando hay competición todas las semanas. A nivel anual, el balance suele estar en torno a 25 o 26 torneos.
P.- He visto en tus redes sociales que has estado en Rusia, en China… que viajas constantemente por todo el mundo y pasas muchísimas horas en avión. ¿Cómo lo llevas?
R.- Lo llevo bien porque con los años he aprendido a armarme de paciencia. Al final es cuestión de acostumbrarse y aceptar lo que hay, porque no queda otra si quiero dedicarme a esto. No se trata solo de que los viajes sean largos, sino de las muchas horas que paso en aeropuertos. En muchas ocasiones tengo que hacer escalas porque no hay vuelos directos al destino donde compito, así que son días enteros viajando. De hecho, hace poco estuve más de un día y medio de viaje, más de 30 horas, para llegar a un torneo.
Aun así, intento llevarlo con paciencia y aceptación. Además, normalmente viajo acompañada, ya sea con mi compañera de pádel o con otros jugadores y jugadoras del circuito. Por suerte, tengo muy buenas amistades dentro del circuito, lo que hace que los viajes se lleven mejor y resulten más amenos. Pero no deja de ser duro.
P.- ¿Conoces a alguien tan profesional como tú que se haya quedado atrás porque dijo: “no puedo con esta vida, con este ritmo”, y lo haya dejado precisamente por tantas horas en aeropuertos y viajes constantes?
R.- Sí, hay mucha gente. Y no es solo por pasar tantas horas en aeropuertos o por tener que viajar constantemente, sino porque simplemente prefieren otro estilo de vida. Son personas más caseras, a las que les gusta pasar más tiempo en casa, con su familia o con su entorno cercano. Estar viajando con tanta frecuencia y pasar tanto tiempo fuera no lo llevaban bien y, por eso, decidieron dejarlo.
Y es totalmente lícito. Al final, no todo el mundo está preparado ni puede permitirse este estilo de vida. Así que sí, conozco a personas que han decidido dejar la competición profesional, no el pádel en sí, sino lo que implica vivir de él a nivel profesional.
Rutina de una deportista de élite

P.- ¿Cómo es realmente la vida de una jugadora profesional que pasa tantas semanas viajando? ¿Qué es lo más difícil de estar tanto tiempo fuera de casa?
R.- Pues tener una rutina porque no se consigue cada semana estando en un torneo diferente, en un país diferente, horarios diferentes, temperaturas diferentes y tiempos de juego digamos diferentes porque según el torneo hay veces que tengo que jugar dos partidos al día, hay otros torneos en los que solo juego uno. Entonces bueno, es como que nunca llegas a tener una rutina. Yo cuando vengo a Madrid hay veces que vengo para deshacer la maleta, poner lavadoras y volver a irme al día siguiente. Entonces, el no tener una rutina es un poco lo más complicado.
Pero bueno, cuando consigo asentarme un par de días, tres días, cuatro días como mucho, aquí en Madrid, entreno cuatro horas diarias. Principalmente mis entrenos son por la mañana y después hago una hora y media también por la tarde, priorizando mucho el descanso y la recuperación. Además, aprovecho cuando estoy aquí en Madrid para ir al fisio y al podólogo y todo lo que sea cuidarme a mí misma o a mi cuerpo. Y después, cuando estoy en un torneo pues la rutina varía en función de cómo sean los tiempos de juego. Hay veces que si juego dos partidos al día es simplemente levantarse para desayunar, ir a jugar, volver, comer, descansar, volver a jugar, vuelta al hotel, cena, ducha y a dormir para el día siguiente volver a jugar. Evidentemente si todo va bien y vas ganando, claro, porque si pierdes ya estás mirando el siguiente vuelo para volver a tu casa porque normalmente cuando el jugador pierde, no se queda allí ni un día, se intenta volver lo antes posible para poder estar en casa porque si no, no estamos nunca.
P.- ¿Crees que este tipo de estilo de vida podría llegar a cansarte en algún momento?
R.- No lo sé porque yo quiero pensar siempre en positivo y disfrutar del momento. Pero por el tiempo que llevo, que ya voy hacer tres años más o menos con este estilo de vida, a mí me gusta. Y es verdad que llegados a este punto de ya finales de noviembre que ya veo como el final de temporada muy cerca, sí que me va pesando un poquito más. Cuando va llegando noviembre, me noto un poco más cansada del ritmo. Después cuando ya descanso en diciembre y en enero empiezo con la pretemporada, vuelvo totalmente recargada con la actividad al 100% y vuelvo a tener muchísimas ganas de enfrentar y de encarar una nueva temporada. Entonces espero no cansarme porque a mí me encanta y me apasiona dedicarme a la competición pero no lo sé porque es duro y cansa a nivel físico y sobre todo mental.
P.- Sí, tengo un par de preguntas más sobre la salud mental, que te haré más adelante. Y, claro, vosotros también tenéis parones, ¿no?
R.- Sí, la temporada termina siempre en noviembre, así que en diciembre tenemos vacaciones, por así decirlo. En enero hacemos la pretemporada y la temporada oficial empieza en febrero. Durante ese mes entrenamos a fondo y, a partir de ahí, ya arrancan los torneos.
En verano no hay un parón oficial, pero suele haber unas tres semanas sin competición. A eso lo llamamos “mini pretemporada”: normalmente una semana sí que descansamos y no entrenamos, pero las otras dos volvemos a entrenar para prepararnos para los siguientes torneos o para lo que nosotros llamamos la segunda mitad del año.
Al final, claro que descansamos, pero tampoco del todo. Siempre estás entrenando o cuidando la alimentación, así que nunca llegas a desconectar completamente. Como mucho, cinco o seis días te permiten descansar un poco a nivel mental. En ese tiempo, si hago algún viaje familiar o con amigos, intento no pensar en el pádel: si tengo que comer lo que sea, lo como; si me apetece salir de fiesta, salgo. Intento disfrutar, desconectar y olvidarme del pádel durante esos días.
Salud mental

P.- ¿Qué importancia le das a la salud mental para manejar lo que es la presión y todos estos cambios que vives diariamente?
R.- Le doy un 9 o un 9 y medio. No digo un 10 porque me parece algo tan, tan importante que casi no se puede medir. Creo sinceramente que es lo más importante en el deporte en general, no solo en el pádel. En mi caso, llevo ya tres o cuatro años trabajando con mi psicóloga deportiva y para mí es una pieza fundamental: es igual de importante que mi entrenador de pádel o que mi preparador físico.
Con ella trabajo, como decías, la gestión de la presión, la concentración y muchas otras cosas. Me da herramientas para los momentos en los que estoy más débil a nivel mental, con desconfianza o inseguridad. Al final, en el deporte todo depende mucho de los resultados, y cuando las cosas no van bien o los resultados no acompañan, mentalmente una se vuelve más frágil y se viene un poco abajo. Por eso es tan importante tener a tu persona de confianza, a tu psicólogo o psicóloga, que te ayude en esos momentos.
Pero también es clave que nosotros, como deportistas, prioricemos la salud mental y le demos la importancia que merece, porque es absolutamente imprescindible.
P.- Y, en algún momento, ¿te has alejado del pádel o has sentido que necesitabas parar un poco? Y, en ese caso, ¿qué te hizo volver a recuperar la motivación? ¿Qué pasó?
R.- En segundo de Bachillerato, cuando tenía 17 o 18 años, decidí dejar el pádel por un tiempo. Me agobiaba bastante el tema de los estudios, la presión de sacar la mejor nota posible para entrar en la carrera, y sentía que no era capaz de compaginarlo todo como a mí me habría gustado. Llegó un punto en el que dejé de disfrutar compitiendo: estuve unos seis meses yendo a torneos sin ganas, casi por obligación, por compromiso y por inercia, porque era lo que llevaba haciendo desde hacía unos ocho años.
Cuando me di cuenta de lo que me estaba pasando, decidí parar. Lo hablé con mis padres y fue un momento muy duro, porque ellos también habían cambiado completamente su vida y su estilo de vida para acompañarme a los torneos, ya que entonces era menor de edad. Aun así, tomé la decisión de dejarlo durante un año y medio. Terminé Bachillerato, entré en la carrera y, una vez que ya estaba en la universidad, retomé poco a poco los entrenamientos con más frecuencia.
En realidad, nunca dejé de entrenar del todo, pero sí lo hacía con menos intensidad. Cuando ya estaba más asentada en la carrera, empecé a entrenar de forma mucho más profesional y con mayor intensidad, y volví a competir: primero a nivel nacional y, un año más tarde, regresé al circuito profesional.
P.- ¿Cuál ha sido el campeonato más duro que has jugado y qué aprendiste de esa experiencia?
R.- El campeonato más duro que he jugado… He tenido muchos, la verdad, y me cuesta elegir uno. Pero, por ser optimista y no quedarme con un torneo en el que el resultado fue malo, te voy a contar una anécdota de uno que gané el año pasado, en Tenerife.
Lo ganamos un poco contra todo pronóstico. Mi compañera y yo íbamos, como siempre, a competir y a intentar ganar, pero ese torneo estaba encajado entre medias de otro que estábamos jugando en Holanda, así que todo fue bastante caótico. Íbamos fatal de tiempos: llegamos muy justas a Tenerife y, mientras íbamos jugando y ganando partidos, ya teníamos en la cabeza la vuelta a Holanda para jugar la final del otro torneo. Para eso teníamos que pasar toda la noche volando, hacer escala en Londres, tirarnos unas cinco horas en el aeropuerto y llegar por la mañana a Holanda para jugar la final.
En Tenerife todo empezó a ir bien y fuimos ganando partidos. La noche antes de la final, mi compañera ya estaba dormida y, de repente, me acordé de una conversación que habíamos tenido: ella me había dicho que no había llevado el pasaporte porque, al viajar por Europa, no hacía falta. En ese momento caí en que la escala de vuelta era en Londres, y que Reino Unido ya no pertenece a la Unión Europea, así que necesitaba el pasaporte. Me pasé toda la noche sin dormir, pensando que no iba a poder volar. Llamé a su padre —ella ya estaba dormida y no quería despertarla porque tenía que descansar para la final— intentando buscar una solución.
Su padre, que es policía, se presentó en el aeropuerto y habló con compañeros para ver si alguien que volara de Madrid a Tenerife podía llevarle el pasaporte. Al final, de una forma casi milagrosa, conseguimos que el pasaporte volara hasta Tenerife gracias a un bombero que él conocía y que, casualmente, viajaba allí. No sé cómo se alinearon los astros, pero funcionó y el pasaporte llegó.
Y, por si fuera poco, cuando terminamos la final solo teníamos una hora y poco para coger el vuelo. Había unos 45 minutos hasta el aeropuerto y este chico, el bombero, nos llevó prácticamente a 180 para que llegáramos a tiempo. Llegamos al aeropuerto con apenas media hora antes del vuelo, lo cogimos y pasamos toda la noche volando. Llegamos a Holanda a las 7 de la mañana y jugábamos la final a las 10.
Era un torneo por equipos y nuestro punto —el de mi compañera y el mío— era el decisivo, porque íbamos 2-2. Jugamos un partido de más de dos horas sin haber dormido nada en toda la noche, habiendo jugado otro torneo en medio… y lo ganamos. Ganamos el punto, dimos la victoria al equipo y fue increíble.
A nivel deportivo fue espectacular, pero a nivel mental fue, sin duda, el fin de semana más estresante que he vivido en mi vida. Todo el tiempo estaban surgiendo problemas y yo tenía la sensación de estar apagando fuegos constantemente. Por suerte, todo salió bien: ganamos el torneo de Tenerife, llegamos a tiempo a Holanda y también ganamos allí. Pero en cuanto a estrés, no he vivido nada igual.
P.- ¿Cómo has llevado este año las competiciones? ¿Estás contenta con los resultados?
R.- Justo ayer lo hablaba con un amigo. En general, sí que he conseguido buenos resultados: si miras los números, he jugado cinco finales y ocho semifinales, que a nivel competitivo está muy bien. Los resultados, objetivamente, son buenos.
Pero todavía me queda un torneo este fin de semana y ojalá pueda cerrar el año consiguiendo un título. De las cinco finales que he jugado no he ganado ninguna; en todas he quedado subcampeona. Llegar a la final está bien, obviamente, y el resultado es positivo, pero me queda esa espinita de no haber conseguido todavía un título este año. A ver si este último torneo me permite cerrar la temporada como me gustaría.
P.- y dónde lo vas a jugar?
R.- Está en Castellón, en España.
Patrocinios y Publicidad
María posando para promocionar la marca Lotto
P.- Y ahora, cambiando un poco de tema, quiero preguntarte sobre los patrocinios: ¿las marcas te ayudan a costear los viajes y las competiciones? Y, además, ¿es fácil conseguir patrocinadores o hay muchísima competencia?
R.- Fácil no es; de hecho, es muy difícil conseguir patrocinadores, sobre todo aquí en España. Principalmente porque la mayoría de los jugadores profesionales somos españoles, así que hay mucha competencia por los patrocinios. En cambio, jugadores de países como Holanda, Francia o Inglaterra tienen menos competencia y les resulta mucho más fácil conseguir patrocinadores.
Aquí en España lo tenemos más complicado, pero yo, por suerte, tengo buenos patrocinadores y contratos económicos sólidos. En ropa me patrocina Lotto, una marca italiana muy conocida también en el tenis, y en palas y paleteros me respalda Shooter, otra marca española. Esos son mis sponsors principales. Además, tengo otros dos patrocinadores: Paddle Hispania, que se dedica a la construcción de pistas de pádel, y Fujifilm, una empresa tecnológica internacionalmente reconocida.
Con estos cuatro patrocinadores tengo bastante ayuda económica para costear los viajes y el día a día, porque los jugadores profesionales tenemos muchos gastos: entrenamientos, alquiler del piso en Madrid, vivir aquí… así que tengo mucha suerte de contar con este apoyo y estoy súper contenta.
De hecho, para un profesional del deporte, no tener patrocinadores puede ser una fuente de estrés e incluso un motivo de abandono. Muchos jugadores que no pueden cubrir los gastos de viajes y entrenamientos simplemente dejan de competir. Algunos tienen que compaginar la competición con dar clases de pádel porque es la opción más flexible para poder financiarse.
Superación y Motivación

P.- ¿Qué es lo que más te motiva a seguir compitiendo y creciendo, incluso en los momentos duros?
R.- Que me apasiona el pádel. Tengo la suerte de que, al final, mi profesión, jugar al pádel, es también mi pasión. Entonces, cuando los resultados no acompañan y me siento un poco desanimada, intento recordarme eso: que no lo hago solo por trabajo, sino también por pasión, porque realmente me encanta.
Me apoyo en esa motivación interna, como se dice en psicología, y trato de no fijarme tanto en lo externo: los resultados, el qué dirán, todo eso. Me agarro a la pasión que siento por el deporte y, en particular, por el pádel.
P.- ¿Qué le dirías a alguien que esté atravesando un mal momento en el pádel o en el ámbito de la vida en general?
R.- Bueno, pues al final yo lo que le recomendaría es que piense en lo que le ha hecho estar ahí y por lo que lleva luchando tanto tiempo. Y que al final en el deporte, igual que en la vida, pues hay momentos y son rachas siempre que con trabajo, con ayuda también de algún profesional, en este caso un psicólogo o psicóloga, pues las rachas pueden cambiar, que todo pasa, que nada es tan grave y que si realmente es lo que le gusta y le apasiona, que siga adelante porque todo cambia en un momento.
Visión futura

P.- Y ya para finalizar, ¿cómo te ves de aquí a 10 años?
R.- No me gusta esta pregunta porque no me gusta pensar a largo plazo en mi vida. Pero bueno, voy a decir que me veo compitiendo, jugando todavía al pádel porque tengo 24 años, con 34 años creo que todavía puedo seguir jugando y compitiendo profesionalmente. Así que te voy a decir eso, compitiendo y en lo más alto del ranking mundial. No te voy a decir el número porque no quiero ponerme expectativas, pero bueno, más arriba de lo que estoy ahora. Así que nada, con la vida que llevo ahora, pero un poquito mejor en el ranking.









